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Hay que acabar con los abusos de los bancos PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Economía y Sociedad   
jueves, 19 de febrero de 2009

Para leer artículo original:

http://economia.migueldearriba.net/2009/02/hay-que-acabar-con-los-abusos-de-los-bancos/

Desde hace bastante tiempo he venido escribiendo repetidamente sobre la impunidad de la que gozan los bancos (instituciones financieras) para cometer sus abusos, la última hace muy poco en este mismo blog.

Ellos han sido los causantes principales de la crisis mundial que estamos viviendo por su avaricia sin límite; avaricia que ha sido propiciada claramente por la complicidad de muchos gobiernos que no han sabido cumplir con su obligación para con las mayorías y han permitido la usura sin límite a estos depredadores del ciudadano común que siempre queda indefenso ante sus tropelías. Encima ahora resulta que tenemos que ayudarles, con nuestros impuestos, a sobrevivir de la crisis que ellos mismos han provocado; y es curioso que mientras ellos suplican ayuda a diestra y siniestra, tratan como a perros a sus propios deudores que se las ven y se las desean para hacer frente a sus obligaciones por culpa, precisamente, de esas instituciones financieras que los han estado exprimiendo por años para obtener multimillonarios beneficios. La pregunta del millón es precisamente ¿dónde están todos esos millones que en las vacas gordas nunca fueron repartidos con los que ahora son llamados a ayudarlos?.

Contribuyente

Ha llegado, inexcusablemente, la hora de poner en cintura a esta fauna altamente nociva para la salud financiera del mundo y de sus ciudadanos y me alegro de escuchar voces muy autorizadas que coinciden con mis ideas.

Para botón de muestra les dejo tres: Carlos Slim, Joseph Stiglitz y Paul Krugman.

 

Carlos Slim ataca a bancos; recrimina tasas de tarjetas de crédito

Carlos Slim regañó a los bancos ayer; les recriminó las tasas de las tarjetas de crédito. “Son impagables”, dijo. La lógica del hombre más rico de México es impecable: con tasas tan altas, frente a la actual crisis y el seguro incremento del desempleo, qué quieren, ¿que la gente pierda su capacidad de pago y aumentemos el volumen de cartera vencida? Hay que recordar que Slim tiene banco, pero el financiero más brillante del país es también empresario, y al recriminar no se daría un balazo en un pie. Vea: su tarjeta, la EFE Clásica de Inbursa, tiene un Costo Anual Total (CAT) de 60.4%, frente a otras como la Spira Clásica de Invex, que anda en ¡113.4%!, o tres de Santander, que rondan entre casi 90% y 110%. O las de Bancomer, las de Banamex. Uff. Por algo el señalamiento de Slim.

 

Stiglitz: La nacionalización es la única respuesta. Estos bancos están, efectivamente, en bancarrota.

Joseph Stiglitz recibió el Premio Nobel de Economía en 2001. Bajo el Presidente Bill Clinton fue presidente del Consejo de Asesores Económicos de 1995 a 1997. Fue economista principal del Banco Mundial de 1997 a 2000 y autor principal del Informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de 1995, el cual recibió el Premio Nobel de la Paz compartido. Actualmente es profesor en la Universidad Columbia en Nueva York.

DW-WORLD: Muchos expertos temen que aunque las cosas están mal ahora, aún no hemos visto lo peor de la crisis. ¿Comparte usted la creencia de que nos enfrentamos a un largo descenso que pudiera rivalizar con la gran depresión?

Joseph Stiglitz: Vivimos en un mundo muy diferente al de la Gran Depresión. Entonces teníamos una economía de manufactura. Ahora tenemos una economía del sector de servicios. Muchas personas en Estados Unidos ya están trabajando parte del tiempo porque no pueden conseguir trabajo de tiempo completo. La gente están hablando más acerca de medidas coherentes de desempleo, y estas muestran un desempleo de muy altos niveles, alrededor de 15 por ciento. Así que es claramente un descenso serio. Otra gran diferencia entre ahora y la Gran Depresión es que entonces no teníamos una red de seguridad. Ahora tenemos seguro de desempleo.

DW: Los economistas Nouriel Roubini y Nassim Taleb, quienes predijeron el descenso de la economía global, han hecho un llamado para la nacionalización de los bancos a fin de detener la debacle económica, ¿Está usted de acuerdo?

Stiglitz: Lo cierto es que los bancos están en muy mala situación. El gobierno de EE.UU. ha vertido cientos de miles de millones de dólares con muy pocos resultados. Los ciudadanos norteamericanos se han convertido en propietarios mayoritarios de un gran número de bancos importantes. Pero no tienen el control. Cualquier sistema que tenga una separación de la propiedad y el control es una receta para el desastre.

La única respuesta es la nacionalización. Esos bancos ciertamente están en bancarrota.

DW: El Instituto Internacional de Finanzas estima que el flujo privado de capital hacia los países en desarrollo se reducirá en unos dos tercios. ¿Estamos llegando a una situación en la que pudiéramos ver un colapso total de muchos países en desarrollo?

Stiglitz: Pienso que muchos gobiernos de naciones emergentes en realidad tienen un sistema bancario central mucho mejor que el de Estados Unidos. Ellos comprendieron los riesgos de exceso de influencia, la excesiva dependencia en los préstamos de bienes raíces, así que realizaron acciones mucho más prudentes. Muchos países en desarrollo también acumularon grandes reservas y están en mejor situación para enfrentar esta crisis que hace una década.

Pero algunos se enfrentarán a tiempos muy difíciles, suspensión de pagos. Algunos de estos países están sufriendo por haber prestado demasiada atención a lo que ha estado sucediendo en Estados Unidos.

DW: ¿Se deben tomar medidas para ayudar a esos países en desarrollo?

Stiglitz: Definitivamente. Pienso que es absolutamente imperativo no solo en interés de esos países, no solo desde una perspectiva humanitaria, sino desde una perspectiva de estabilidad global. No es posible tener una fuerte economía global cuando hay grandes zonas de agitación económica.

El Banco Mundial ha hecho un llamado a los países industrialmente avanzados para que a medida que rescaten a sus propias industrias y brinden subsidios, separen algunas cantidades para los países en desarrollo, los cuales no pueden competir en este desigual campo de juego.

DW: El Presidente Obama atacó a los bancos por pagar miles de millones en regalías a los ejecutivos mientras estaban aún al borde del colapso. ¿Está usted de acuerdo con él de que su comportamiento es “vergonzoso” e “irresponsable”?

Stiglitz: Sí, es vergonzoso e irresponsable. Pero no es una sorpresa… durante años los ejecutivos de firmas norteamericanas han defendido sus escandalosas compensaciones, diciendo que es importante como plan de incentivo. ¿Cómo se pueden entregar bonos de miles de millones de dólares cuando una firma ha tenido pérdidas records de miles de millones de dólares? No se les deben dar regalías, se les debe castigar. A no ser que estén recompensando a la gente por fracasar.

DW: En su discurso en el Foro Económico Mundial, la Canciller alemana Merkel advirtió a EE.UU. acerca del proteccionismo y criticó los subsidios a las fabricantes norteamericanos de autos. ¿Tiene ella razón? ¿Cree usted que existe el peligro de que EE.UU. acuda a medidas proteccionistas?

Stiglitz: Sí, muy probablemente. Siempre hemos sabido que el proteccionismo adopta dos formas. Tarifas y subsidios. Los subsidios distorsionan el campo de juego al igual que las tarifas. Los subsidios son mucho más injustos y aún más distorsionantes, porque mientras que los países desarrollados pueden entregar subsidios, los países pobres no pueden darse ese lujo. Los países ricos están distorsionando el nivel del campo de juego al entregar grandes subsidios, no necesariamente con intención de protección, pero con las consecuencias de la protección.

DW: Merkel recientemente hizo un llamado para la creación de un organismo internacional de supervisión financiera, y está creciendo el consenso a favor del tema. ¿Cuán realista cree usted que es que los gobiernos y compañías entregarían la soberanía a una entidad internacional?

La idea de Merkel es muy importante y hace mucho que la apoyo. Tiene que haber una coordinación de la política económica global más allá del FMI, que ha fracasado, y del Banco Mundial. No se puede decir que debemos tener fronteras abiertas sin una regulación global. Es inconcebible que mientras avanzamos permitamos productos financieros que son muy riesgosos, fabricados en países con regulación inadecuada, que vengan sin regulación a Estados Unidos y viceversa. Las compañías internacionales que están comprometidas con la globalización debieran estar a la vanguardia de este llamado a favor de la regulación internacional.

 

Paul Krugman
El fracaso detrás de la victoria

Según los parámetros políticos normales, la aprobación del paquete de estímulos económicos por parte del Congreso fue una gran victoria para el presidente Barack Obama

El mandatario estadounidense obtuvo más o menos lo que pidió: casi 800 mil millones de dólares para rescatar la economía, con la mayor parte de ese dinero destinado a gasto y no a recortes fiscales ¡Ya podemos destapar el champagne para celebrar!

O tal vez no. Como no estamos en una situación normal no aplican los parámetros políticos normales y la victoria de Obama es más bien una derrota. La ley de estímulos parece útil pero inadecuada, especialmente si se le combina con un decepcionante plan de rescate de bancos. Y la política de lucha por el paquete de estímulos ha hecho que los sueños pospartidistas de Obama sean una insensatez.

Comencemos con la política.

Uno hubiera esperado que los republicanos actuaran como si de verdad hubieran recibido una lección en los primeros días de la administración Obama, sobre todo teniendo en cuenta la paliza que recibieron en las últimas dos elecciones y la debacle económica de los últimos ocho años. Pero está claro que el compromiso del partido con la “economía vudú” —impuesta en parte por grupos de presión dispuestos a producir contendientes contra heréticos— es tan firme como siempre. Tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, la mayoría de los republicanos apoyó la idea de que la respuesta adecuada al abyecto fracaso de los recortes fiscales de la administración Bush eran más recortes fiscales al estilo Bush.

Y la respuesta retórica de los conservadores al plan de estímulos —que costará mucho menos que los 2 billones de dólares asignados por la administración Bush a recortes fiscales o el billón de dólares, más lo que se sigue acumulando, gastados en Irán— raya en lo patológico.

Es un “robo generacional”, dijo el senado John McCain, apenas unos días después de votar por los recortes fiscales que hubieran costado hasta cuatro veces más en la próxima década. Es “destruir el futuro de mi hijas. Es como sentarme a ver cómo una banda de ladrones saquea mi casa”, dijo Arnold Kling del Instituto Cato.

La suciedad del debate político es importante debido a que genera dudas sobre la capacidad de la administración Obama de regresar por más en caso de que, como es probable, la ley de estímulos demuestre ser insuficiente.

Si bien Obama obtuvo más o menos lo que pidió, con seguridad no pidió lo suficiente. Probablemente estemos enfrentando la peor crisis financiera desde la Gran Depresión. La Oficina de Presupuesto del Congreso, que normalmente no tiene inclinación por las hipérboles, pronostica que en los próximos tres años habrá una brecha de 2 billones 9 mil mdd de dólares entre lo que la economía podría producir y lo que de hecho producirá. Y 800 mil millones de dólares, aunque parece mucho, no es suficiente para reducir ese abismo.

De manera oficial, la administración insiste en que el plan es adecuado para las necesidades económicas, sin embargo, pocos economistas están de acuerdo. Y en general se cree que ciertas consideraciones políticas —como que Obama se comprometió con anticipación con la esperanza de obtener más apoyo bipartidista— llevaron a establecer un plan más débil y que contiene más recortes fiscales de los que debería. Ya vimos lo bien que funcionó.

Ahora, las posibilidades de que el estímulo fiscal resulte adecuado serían mayores si estuviera acompañado por un rescate financiero efectivo, uno que descongelara los mercados crediticios e impulsara de nuevo la circulación del dinero. No obstante, el tan esperado anuncio sobre los planes de la administración Obama en ese sentido, dados a conocer esta semana, cayeron como un golpe seco.

El plan esbozado por Tim Geithner, secretario del Tesoro, no era exactamente malo pero sí ambiguo y dejó a todo el mundo preguntándose hacia donde va realmente la administración. ¿Esas sociedades entre el ámbito público y privado terminarán siendo una manera encubierta de rescatar a los banqueros a expensas de los contribuyentes? ¿o la requerida “prueba de esfuerzo” actuará como una ruta hacia la nacionalización temporal de la banca (solución que apoya un creciente número de economistas, entre los que me incluyo)? Nadie sabe.

La intención en general fue patear la lata unos metros para que avanzara y eso no es suficiente. Hasta ahora la respuesta de la administración Obama a la crisis económica mantiene muchas semejanzas con la de Japón en los años 90: una expansión fiscal lo suficientemente importante como impedir lo peor pero insuficiente para reactivar la recuperación económica; apoyo para el sistema bancario pero renuencia a obligar a los bancos a enfrentar sus pérdidas. Estamos en los primeros días de la administración Obama pero vamos en picada. Y no sé ustedes pero tengo una sensación desagradable en la boca del estómago, la sensación de que Estados Unidos no está superando el mayor reto económico de los últimos 70 años.

Probablemente a los mejores no les hagan falta convicciones pero parecen estar dispuestos a aceptar medidas a medias y los peores están, como siempre, invadidos de intensidad pasional, ajenos al grotesco fracaso de su doctrina en la práctica .

Todavía estamos a tiempo de cambiar la situación pero Obama tiene que ser más fuerte de ahora en adelante. De otra manera, el veredicto con respecto a la posibilidad de superar la crisis será: “no, no podemos”.

 

 

 

 

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Etiquetas: Entidades Financieras
 

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