El artículo que transcribo al final de este comentario transmite una explicación bastante didáctica sobre la estanflación; sin embargo, y como la economía no es una ciencia exacta debido al componente humano de la misma, yo opino que la estanflación actual tiene un “componente muy humano” que no está recogido en el mencionado artículo y que se refiere a uno de los Pecados Capitales que más ha alentado el neoliberalismo … ¡la AVARICIA!.

Como he escrito en repetidas ocasiones, las leyes económicas que el bueno de Adam Smith nos legó estaban basadas en las observaciones que hizo en relación a la sociedad en la que vivía; pero esa sociedad no es la misma que la sociedad que existe en el siglo XXI actual en la que se han perdido una gran cantidad de valores morales.

Si aplicamos la razón [sentido común] y esas leyes económicas, ante la caída del consumo [demanda] que estamos observando debido a un claro estancamiento de la economía debería producirse una caída de los precios; sin embargo, no es así. ¿Porqué?.

Para mi, la respuesta no tiene dudas …. ¡por la avaricia de los empresarios que a pesar de la declinación de la demanda, y por ello de las ventas, debido a la recesión existente suben los precios pues quieren obtener, cuando menos, los mismos beneficios. A estas alturas está claro que el ¿ libre mercado ? se ha convertido en una farsa.

No hay que olvidar en ningún momento que los precios no sólo están regidos por el binomio demanda-oferta, sino que hay un componente “personal” del empresario que es quien decide el monto del beneficio a obtener con sus productos. Es por ello, que la inflación no siempre, y no sólo, se produce por una presión objetiva de la demanda, sino que por una decisión “humana” del dueño de la mercancía.

Dicho esto, frecuentemente se propaga una falsedad malsana, seguramente como la excusa perfecta para ocultar lo anterior, al decir que los aumentos salariales producen inflación. Eso podría ser así, tal vez, en los países más desarrollados [yo nunca he creído que los aumentos salariales, si son proporcionales al esfuerzo del componente "trabajo" en la producción, provoquen inflación ya que un aumento de la demanda debido al aumento de la capacidad adquisitiva debería traer consigo un aumento de la oferta y con ello los precios deberían mantenerse estables] , pero en los países subdesarrollados en los que el salario es de subsistencia, y por ello la capacidad adquisitiva está bajo mínimos, tal aseveración es un disparate que sólo busca aumentar los beneficios empresariales por la vía del trabajo cuasi esclavo.

Hay que recordar que el fenómeno de la deslocalización de empresas con la famosa globalización no se produce de una forma caprichosa debido al espíritu aventurero de los dueños de las mismas; se produce, precisamente, por la búsqueda de fuerza de trabajo más barata que proporcione un aumento de las cuentas de resultados de las compañías.

Claro que esa táctica, a la larga, lo que produce es una disminución de la capacidad adquisitiva en los países de origen de dichas empresas, que son, a su vez, los países de destino de las mercancías producidas en otras latitudes ya que los empresarios están deslocalizados para producir pero no lo quieren estar para vender sus productos [una camiseta que les cuesta 5 dólares en donde la fabrican la venden a 50 dólares en sus propios países]. Esa disminución de poder adquisitivo, que ya se está visualizando en la actualidad por un evidente aumento del desempleo en la mayoría de los países desarrollados, está generando un bajón en las ventas y con ello que muchas empresas enfrenten serias dificultades financieras, que también se comienzan a visualizar con el aumento de las quiebras y las suspensiones de pagos.

Miguel de Arriba

En la cuerda floja de la estanflación

La estanflación -calco del inglés «stagflation», palabra compuesta a partir de «stagnation» (estancamiento) e «inflation» (inflación) indica el momento o coyuntura económica en que, dentro de una situación inflacionaria, se produce un estancamiento de la economía y el ritmo de la inflación no cede. Según ciertos observatorios económicos, ese es ya el cuadro que presenta España, uno de los más difíciles de encarar.

Estanflación es un término que fue acuñado en 1965 por el entonces ministro de Finanzas británico, Ian McLeod, quien, en un discurso ante el Parlamento formuló la siguiente definición: «Es la situación económica que indica la simultaneidad del alza de precios, el aumento del desempleo y el estancamiento económico, entrando en una crisis o incluso recesión».

España no está técnicamente en recesión, situación que requiere encadenar dos trimestre consecutivos de crecimiento negativo, pero sí se encuentra la borde del «crecimiento cero», según el cálculo semioficial que ayer anticipó el Banco de España y que por lo general coincide con el oficial del Instituto Nacional de Estadística. Con la inflación por encima del 5 por ciento y por ahora sin remitir, el diagnóstico se aproxima a la «estanflación», considerado uno de los peores escenarios económicos posibles por la dificultad de su manejo y corrección. Las políticas monetarias y fiscales que suelen utilizarse para dinamizar una economía recesiva empeoran el componente inflacionario de la estanflación y las políticas monetarias restrictivas que se utilizan para combatir la inflación tienden a profundizar y ampliar su componente recesivo.

La estanflación distorsiona completamente los mercados y coloca a los gobiernos y a sus bancos centrales en una posición muy delicada. En la estanflación la recesión suele ser parcial, registrándose simultáneamente el decrecimiento de algunos sectores, como la producción de bienes, junto al crecimiento de otros sectores, como la producción de servicios. Si se trata de una economía relativamente abierta y la inflación viene acompañada de un proceso de devaluación, puede registrarse una contracción de las actividades que consumen divisas y una expansión de las que generan divisas. Esto representa un desafío enorme para las autoridades pues reciben señales mixtas y contradictorias sobre la economía que hacen muy difícil decidir qué políticas aplicar, en qué secuencia y en qué momento tomarlas. «Es lo peor de los dos mundos», dicen muchos economistas.

Aunque las recesiones pueden tener causas internas o externas, la estanflación siempre es de origen interno, «la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario» y quienes manejan las monedas soberanas son las autoridades monetarias de cada espacio. En el caso español, como ocurre para toda la zona euro, esa autoridad monetaria no es nacional, sino el Banco Central Europeo (BCE), cuyo mandato primigenio es luchar contra la inflación. La política monetaria está fuera del alcance del Gobierno. La otra herramienta básica de política económica, la fiscal, también está limitada por las obligaciones comunitarias de estabilidad presupuestaria.

En cualquier caso, la estanflación se convierte en un dilema para las autoridades que sí manejan los flujos monetarios, que debe elegir entre las medidas normalmente usadas para incrementar el crecimiento económico y aumentar, por tanto, una inflación o políticas para luchar contra la inflación que reducen la actividad en una economía en situación de paro. Un ejemplo diáfano: la estrategia de reducción de los tipos de interés está generalmente indicada para reanimar el consumo y la inversión y, por tanto, puede contribuir a superar el estancamiento económico, pero a la vez repotencia las tensiones inflacionistas. Otro caso: subir los tipos, como ha venido haciendo desde 2005 el BCE, puede contribuir a contener la inflación, pero coarta la expansión del crecimiento.

Fuente: La Nueva España

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