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PAREMOS LA VIOLENCIA, RESPETEMOS LA VIDA. PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Miguel Martínez   
miércoles, 03 de septiembre de 2008

 Coordinador nacional de la Campaña

Pastoral Social - Caritas de Honduras 

Durante los últimos treinta años, la sociedad hondureña ha experimentado grandes cambios. Uno de los más notorios y dolorosos es la creciente violencia que se ha instalado en nuestras vidas.

Honduras es, en estos momentos, el país más violento de Centroamérica. Según un informe de la revista británica The Economist, que estudia el problema de la violencia en el mundo, Honduras ya superó a Guatemala por un punto y, en América Latina, sólo están peor Colombia, Venezuela y Haití.

De acuerdo con datos del Observatorio de la Violencia PNUD-UNAH, entre enero y septiembre de 2007, 4 094 personas murieron a causa de la violencia. De éstas, 2 404 fueron homicidios. En promedio, cada mes hubo 267 muertes por homicidio y nueve víctimas diarias. En Honduras se registra una tasa de 48 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, una de las más altas de América Latina donde, según la Organización Mundial de la Salud, la tasa promedio es de 25.1 por cada 100 mil habitantes.

Y, en 2008, nada indica que la situación mejorará. Por ejemplo, hasta el 2 de marzo, los diarios registraron doce masacres en diferentes puntos del país. Y, pese a los operativos combinados de policías y militares, el saldo ya era de 51 personas asesinadas.

La inseguridad ciudadana —que se manifiesta con crudeza en la violencia común, organizada e institucionalizada—, provoca temor, desconfianza e incertidumbre. La gente prefiere encerrarse, aislarse, pues se siente impotente ante una situación que, a veces, se torna incomprensible.

Los hechos violentos se expresan de muchas formas: narcotráfico, homicidios, secuestros, masacres en los centros penitenciarios, robos de autos, asaltos, violaciones sexuales, y otras desgracias que, día a día, hunden en la tristeza y el luto a centenares de familias.

Pero también hay otro tipo de violencia de la que no se habla, o de la que se habla muy poco y en voz baja. Esta tiene lugar en los espacios privados, dentro de cuatro paredes y detrás de las puertas. Se trata de la violencia doméstica e intrafamiliar, que sólo se convierte en noticia cuando la víctima sufre heridas graves, o muere.

Por todo lo anterior, la  Iglesia Católica de Honduras, preocupada y conmovida por la situación que se vive en el país, ha decidido impulsar la Campaña ciudadana para una cultura de paz y respeto por  la vida, cuya principal aspiración es:

 

Contribuir a lograr el respeto por la vida, el cual es un principio fundamental de las enseñanzas de la Iglesia Católica, pues la dignidad de la persona humana es el centro del bien común.

 

Bien se sabe que la violencia, con sus diferentes tipos y manifestaciones, es un problema con raíces estructurales, institucionales y culturales de larga data, imposibles de resolver con una campaña de duración y recursos limitados.

 

Sin embargo, la  Iglesia Católica lanza este esfuerzo con la esperanza de propiciar el surgimiento de gestores de acciones para la paz, la tolerancia y la solidaridad. Por algún lado habrá que empezar a romper el círculo de la impotencia y la indiferencia ante el fenómeno de la violencia, como primer paso para enfrentar el problema desde la ciudadanía, esperando además,  que esta campaña sólo sea el inicio de acciones más permanentes y sistemáticas para prevenir la violencia y promover una cultura de respeto a la vida y la dignidad humana.

 

Lecturas recomendadas (pulse sobre ellas con el ratón):

 

HABLEMOS SOBRE LA VIOLENCIA

 

LA VIOLENCIA HIERE LA DIGNIDAD HUMANA (Bifolio)

 
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